El cambio de Luis en 3 meses

 

A mí, de siempre, me han gustado mucho los anuncios de la “teletienda”. Adoro esos anuncios del “antes” y el “después”, especialmente cuando el “antes” es catastrófico, infausto y calamitoso, y el “después” es tan milagroso como sospechoso. ¡Oh, si! esas comparaciones tan estrambóticas, como lo difícil que eran cortar las frutas antes de los cuchillos Ginsung, o como se desparramaban las carnes antes de conocer los Pantys Push Slender. Por eso, cuando Venancio me propone protagonizar uno de esos videos mostrando mi “antes y después”, primero me resulta cómico y finalmente, me sorprende. “¿Qué pasa? ¿No estas orgulloso de tu cambio?” me pregunta Venancio al notar poco entusiasmo ante su idea. Y es que quizá no había sido plenamente consciente de lo drástico de mi cambio. Aunque lo iba a empezar a descubrir bien pronto…

Venancio me pide una foto antigua, a cuerpo entero para poder compararla con la actualidad. Empiezo a buscar, carpeta a carpeta del ordenador, y no encuentro nada. En algunas me tapo con la toalla, en otras me escondo detrás de alguien. Y es que ya se me había olvidado que, antes de empezar a entrenar, prefería no salir en las fotos. Y menos sin camisa y de cuerpo entero. Al final encuentro una del verano pasado, salgo lejos, de refilón, sin ser demasiado consciente de que me hacían la foto. Vaya, ese era mi “yo” de antes. Y no hace tanto tiempo y ya se me había olvidado. Punto para ti, Venancio.

Y es que ese es el otro motivo por el cual no he sido demasiado consciente del cambio: el poco tiempo que ha pasado desde empecé. Han sido solo 3 meses, poco más de 40 entrenos. Es cierto que han sido duros, que había días que me daba pereza ir a entrenar, pero en general no tengo la sensación de haber hecho grandes “sacrificios” para conseguir estos resultados tan visibles. Quizás, con la perspectiva del tiempo, ahora veo que lo que realmente me costó fue comenzar, ponerme en contacto con él después de haber estado tanto tiempo dándole vueltas. Probablemente ese fue el gran cambio, el pasar de “pensarlo” a “hacerlo”.

Así pues, hasta que he visto el video realmente no he sido consciente de todo lo que he cambiado en tan poco tiempo. Y además, mi concepto del «antes y después», medio tramposillo, no ha sido como los que salen en la teletienda, ya que hay muchas cosas, quizás las mejores, que no se pueden ver en un video. Porque el cambio no ha acabado y ahora viene el después del después; Gracias Venancio, ya que nunca había estado como ahora  y ese si que es cambio que quiero que dure siempre.

¿El espejo del alma o como arma?

¿Un entrenador personal sin espejos en el gimnasio?

Venancio sólo tiene un espejo en todo el gimnasio. Lo tiene en el vestuario y es uno de esos espejos enormes, con el marco dorado, capaz de responderte, si le preguntas, quien es la más bella del Reino. Pero Venancio lo tiene apoyado en el suelo. Ni siquiera lo ha colgado. También dice que quiere colgar algún que otro espejo en la sala de entreno, pero siempre aclara que para corregir posturas. Y es que se nota que, para Venancio, no es ni mucho menos una prioridad el que nos miremos al espejo. Sabe que en el fondo, un espejo es la representación de una imagen, de un resultado, y eso es un arma de doble filo que hay que saber administrar.

Y es que, muchos de los que empezamos a entrenar con Venancio venimos de una época huyendo de los espejos. De peinados rápidos, para no estar mucho tiempo delante de nuestro reflejo. Otros, quizás con un problema más grave, buscándolos incansablemente. Pero esos no se miran al espejo porque les gusta lo que ven, sino porque son incansables descubridores de defectos, y, claro, cuanto más busques, más encontrarás. Ahora, en estos tiempos que tanto nos gustan las etiquetas, a eso se le llama “captotrofilia». Por lo tanto, tenemos gente que no se mira al espejo para no encontrarse defectos, y los hay que se miran obsesivamente para encontrárselos. Entonces ¿no queda nadie que utiliza de una forma positiva el espejo?

Recuerdo cuando acabé la primera semana de entreno. Venancio me acompaño al vestuario, y se puso a mi lado. Delante del espejo dorado, me señaló los músculos que habíamos trabajado y los primeros cambios que ya se podían notar. Yo, sorprendido y casi eufórico le pregunté: “¿pero todo estos cambios han sido en solo una semana?”. Y él, con esa media sonrisa que a veces resulta tan odiosa y a veces encantadora me respondió: “¡Eso no es lo realmente importante! Lo que hemos conseguido es que, por una vez, estés 5 minutos mirándote al espejo y que te guste lo que ves.”

¿Agua de mineralización débil o muy débil?

Uno de mis principales consejos como entrenador personal

El agua es el principal componente del cuerpo humano. Nuestro cuerpo varía de un 60 % a un 75 % de agua durante lo largo de nuestra vida. La cantidad diaria necesaria de agua son unos tres litros, de los cuáles la mitad los sacamos del agua de los alimentos que consumimos y el restante litro y medio, por lo tanto, lo deberemos beber. El agua es imprescindible para un correcto funcionamiento de todos nuestros órganos y está directamente implicada en el proceso de eliminación de residuos tóxicos de nuestro organismo.  Así pues, si el agua es tan importante para todos, deberíamos preguntarnos: ¿que agua debo beber?

Para saber si un agua es de calidad o adecuada para nosotros,  deberemos fijarnos en la etiqueta dónde están situados los componentes de la botella y más concretamente en el apartado de “residuo seco a 180º” o “conductividad”. Este dato son los miligramos de sedimentos que quedan al exponer el agua a una temperatura de 180º. Cuanto más pesada es el agua, más miligramos de residuo seco tendrá. En muchas ocasiones,  nuestro cuerpo no puede expulsar todos los sedimentos y se acumulan en nuestros órganos,  provocando cálculos en vesícula y riñones, estreñimiento y otros problemas.

Actualmente en el mercado puedes encontrar dos tipos de agua: las de “mineralización muy débil”, cuyo residuo seco es menor de 50 mg y las de “mineralización débil” que van desde las que tienen un residuo seco mayor de 50 mg hasta 500 mg. Más allá de 500 miligramos son agua pesadas y no deberían ser aptas para el consumo humano.

 

AGUAS DE MINERALIZACIÓN DÉBIL

Entrenador personal Mallorca agua

162 miligramos por litro

 Entrenador personal Mallorca agua

237 miligramos por litro

 Entrenador personal Mallorca agua

254 miligramos por litro

 Entrenador personal Mallorca agua

317 miligramos por litro

 

Ni que decir tiene que las anteriores empresas tienen mucha fuerza en el mercado, pero deberíamos ser conscientes que tanto residuo es innecesario para captar todos los minerales que nuestro cuerpo necesita. El resto de sedimentos, por lo tanto, los acumularíamos.

 

AGUAS DE MINERALIZACIÓN MUY DÉBIL

 Entrenador personal Mallorca agua 27 miligramos por litro
 Entrenador personal Mallorca agua 32 miligramos por litro
 Entrenador personal Mallorca agua 35 miligramos por litro
 Entrenador personal Mallorca agua 42 miligramos por litro

 

Tengo que decir, como entrenador personal, que este tema me saca de mis casilla, ya que es de sobra conocido por los médicos, nutricionistas y organizaciones de salud, pero “poderoso caballero es don dinero”. Así que os recomiendo que consumáis aguas que sean de mineralización muy débil: os sentiréis mejor.

 

El peso de la báscula

Mi entrenador personal vs las básculas

A estas alturas, cuando ya llevo más de dos meses entrenando con Venancio me empiezo a dar cuenta que algunas de sus aparentes extrañezas, casi excentricidades, ya las he hecho mías. Recuerdo que una de las que me llamó más la atención al principio, fue su absoluto desprecio por la báscula: en sus instalaciones no encontraréis ni una y muy pocas veces os preguntará vuestro peso. Mi entrenador personal no cree en esa obsesión, que se vuelve dictadura, de los kilos y los kilogramos.  Sin embargo, si que es habitual que le veáis armado con una cinta métrica, de esas de sastre, en los bolsillos, y que la desenfunde cuando menos os lo esperéis.

Y es que el planteamiento es bien sencillo: el músculo pesa más que la grasa, pero ocupa menos volumen. Entrenador personal motivaciónPor lo tanto, es fácil imaginar las contradicciones que eso puede ocasionar en alguien que esta buscando la tonificación o el desarrollo muscular. Puede “verse mejor”, pero luego comprobar como la báscula se le dispara por las nubes. Por lo tanto, lo que realmente hay que valorar, medir y cuantificar es la composición corporal. Para eso, Venancio acostumbra a hacer un control completo a principios de cada mes, y otras más “estimativas” cuando menos te lo esperas.

A pesar de lo dicho anteriormente, hay una cosa que Venancio sabe que ni se mide ni se pesa: son las impresiones y las sensaciones. Él muchas veces os medirá y os pesará con el ojo de buen cubero. Igual vuestros números son “buenos”, habréis subido o bajado lo esperado, pero él os dirá que no os ve bien. Y también os pasará lo contrario: quizá vuestros números no serán los deseados, pero os tranquilizará con un “no te preocupes, yo te veo bien”. Y es que, entre las aparentes excentricidades de Venancio, se trasluce que ya no es solo quitar importancia el peso o el centímetro, sino la importancia de sabernos valorar y mirar a nosotros mismos. Algo que realmente parece sencillo, pero que muchas veces pesa más en la báscula.

Los 6 beneficios más importantes de entrenar en pareja

Entrenamientos por parejas 6 beneficios.

1) Motivación. La cosa es así de clara: ¿quién mejor que tu pareja para darte ánimos y subirte el ego? Ni tu entrenador personal. Por lo tanto, la motivación adquiere un nueva dimensión superlativa si los entrenos son con nuestra media naranja. Es necesario que tu pareja te ayude en esos últimos metros o en las últimas repeticiones. Quizás sólo jamás te atreverías, pero con esas pequeñas palabras de ánimo de la otra persona, seguro que lo logras.

2) Competencia sana. Los piques, pequeñas tiranteces y bromas existen en todas las parejas. Si canalizamos esa energía para mejorar el rendimiento en común, conseguiremos que nuestra pareja también de el máximo y lograremos una atmósfera divertida y sana.

3) Mejora la comunicación. Fomenta la relación en pareja y se comparte un nuevo objetivo común. Las parEntrenador personal parejasejas que entrenan juntas siempre se compenetrarán más que las demás, ya que las metas de uno se transforman en las metas del otro: seréis dos personas tirando de un carro en el mismo sentido, no en posiciones diferentes.

4) Aumento de endorfinas. Está demostrado que practicar deporte con tu pareja aumenta la segregación de endorfinas y, por lo tanto, se produce un aumento del bienestar. Si, los dos os sentiréis más felices.

5) Alivia estrés, ansiedad y la depresión. Si tenemos en cuenta que estos factores crean un micro-clima inadecuado en nuestra vivienda y en el día a día, el deporte os ayudará a eliminarlos . Por lo tanto, al ejercitarnos disminuyen las tensiones dentro del hogar, mejorando la convivencia.

6) SEXO! ahora que he vuelto a llamar vuestra atención, os digo que no hay nada más atractivo que ver al amor de tu vida realizar un esfuerzo titánico, esforzándose para ser mejor cada día, más potente, más rápido, más ágil….. Así pues, la suma de los tres últimos puntos (aumento endorfinas, menos estrés y ver a tu pareja más sexy) cae por su propio peso saber que las relaciones sexuales serán mucho más intensas y profundas.

Mis opiniones como entrenador personal acerca de esta modalidad son siempre muy positivas. A veces es difícil encontrar momentos de ocio en común y con esto lo conseguiréis.

La mala publicidad

La mala publicidad de mi entrenador personal

Algunas de mis personas más cercanas están leyendo este blog. Siempre, después de leer alguno de sus artículos, me suelen hacer el mismo tipo de comentarios: los más bien pensados, siempre me dicen “oh, parece guay eso de Venancio, no?”. Lo más malévolos: “¿pero esto que es? ¿Publicidad?”. Pues ni una cosa y la otra. Me explico. Normalmente enseño los artículos a Venancio antes de publicarlos para ver que le parecen. Nunca me ha cambiado ni una coma, ni me ha sugerido un tema antes de escribirlo. Siempre le ha parecido bien lo que he escrito, o por lo menos nunca me ha dicho lo contrario. Pero eso no significa, ni mucho menos, que sea todo tan bonito como parece que transmite a veces este blog. Y es que entrenar con Venancio, señoras y señores, es duro.

A Venancio no hay que buscarle como eso que ahora algunos llaman “coach”. Ese tipo de entrenadores, extra-excitados, que parecen robots con frases programadas para la sobre-estimulación. “Venga, tu puedes, fiera”, y ese tipo de sentencias que a veces parecen copiadas y pegadas de un muro de facebook de un gimnasio “low-cost”. No, Venancio no va por allí. Mi entrenador personal suena como esas otras palabras, esas que no están pensadas, las que se escapan a veces sin filtros. No le importa si suena bien, o si es políticamente correcto o si eso es lo que necesitas oír en ese momento. Y os aseguro que hay veces que, con una barra de no sé cuantos kilos de peso sobre el pecho, no escuchar precisamente palabras bonitas se hace duro. Y claro, le maldices. A veces en voz baja, a veces en voz alta, pero le maldices.

La parte positiva es que, igual que los reproches de Venancio suelen ser tan gritados como merecidos, sabes por esa regla de tres que el elogio no será regalado. Por lo tanto, si lo haces bien, y te lo dice es porque te lo mereces. Y eso que dice os puedo asegurar que no es ni por publicidad ni marketing. Para eso, los dos, somos un desastre.

El club secreto de la «Cheat Meal»

El entrenador personal más loco de toda Mallorca

La escena se repite cada semana. Lunes. Llego a entrenar. Venancio me espera de pie, esta curioseando el móvil. Casi sin mirarme, no me pregunta “¿Que tal el fin de semana?, sino “oye,  ¿qué tal la Cheat Meal?”. En ese momento, él me empieza a enseñar fotos mientras recita, uno por uno, nombres de platos apetitosos:  nachos con queso, pizza, tarta de 3 chocolates. Las fotos las enseña orgulloso, como quien enseña las imágenes de su sobrino en el móvil. ¿ Y tu que hiciste? . No, este finde no salí, no hice nada. Respondo tímido. Venancio levanta la mirada de su móvil, me mira extrañado y frunce el ceño. Parece molesto. Madre mía, ¿esta enfadado mi entrenador personal porque no he hecho una comilona? ¿Habré escogido el entrenador personal más loco de todo Mallorca? Empiezo a estar casi seguro de que si…

Yo nunca había oído hablar de la Cheat Meal antes de empezar a entrenar con Venancio. Se ve que viene del inglés, que significa algo así como “comida trampa”, y básicamente consiste en que, por un día, en una comida, puedes comer lo que quieras con la conciencia tranquila. Sé que parece incompatible con instaurar unos hábitos “para cuidar la línea”, pero tiene mucho más sentido de lo que parece. Venancio, cuando me habló por primera vez de ella, me aseguró: “si no hubiera Cheat Meal, la gente no me aguantaría”. Él sabe que dentro del diseño de un programa integral de mejora de la salud, como son sus entrenamientos, la parte mental es tan importante como la física. Si al comenzar el entrenamiento nos dicen que nunca volveremos a comer según que platos y que tenemos prohibidos según que placeres, la sensación de ansiedad se incrementará y por lo tanto será mas fácil caer en tentaciones en momentos de debilidad. Venancio instaura la comida “tramposa” para evitar todo eso, ya que así sabemos que una vez a la semana, vamos a tener una recompensa, una palmadita en la espalda por el trabajo bien hecho. Y eso, claro, nos anima a seguir.

 

Lunes. Llego a entrenar. Venancio, mi entrenador personal, me esta esperando de pie. Pregunta directamente ¿Nachos con queso. Pizza. Tarta de 3 chocolates?. Me mira fijamente, a lo que yo respondo orgulloso : “Hamburguesa coyunda. Aros de cebolla. Brownie de chocolate”. Parece como si fuera nuestro código secreto, como una serie de palabras clave que abren las puertas para entrar en un club. Un club para reconocer el trabajo y del esfuerzo.  Es el club secreto de la Cheat Meal.

Ñoquis a la carbonara vegetal

Los ñoquis de un entrenador personal

Una receta ligera y con un mínimo de «grasas saturadas» en unos sencillos pasos.

 – IMG-20150120-WA0018Comenzaremos por dejar preparada la carbonara, así que manos a la obra. Ponemos en una sartén una cucharada sopera de aceite de oliva y colocamos un diente de ajo cortado muy pequeño (quitamos el centro del ajo que es lo que provoca que se nos repita) y lo doramos a fuego medio. Después cortamos a cuadraditos una cebolla pequeña y la sofreímos en el aceite y cuando ésta ya está lista le añadimos unos dados de pavo (lo que vulgarmente llamamos chopped de pavo)  y dejamos que se entremezclen sabores durante cuatro minutos. Pasado este tiempo,  podemos observar como el pavo ya tiene una consistencia casi crujiente y si no es así, esperaremos unos minutos más. Ya tenemos lista la base de nuestra peculiar pero exquisita carbonara. Ahora solo falta  el momento de añadirle  la nata vegetal de soja, la mezclamos bien, salpimentamos al gusto y a fuego medio remover constantemente.

       –  Por otra parte, empezaremos a preparar  los ñoquis, que no tienen ningún secreto: es como un tipo de pasta pero compuesta por harina mezclada con puré de patata. Tienen  valores elevados de carbohidratos, de los cuáles una mínima parte son azúcares. Su elaboración es muy sencilla: en una sartén colocamos un chorrito de aceite de oliva, depositamos los ñoquis en su interior y vamos removiendo con agilidad a fuego lento hasta que se doren. Esto puede tardar unos 5 minutos. Una vez que ya están dorados, echamos unos 200 ml de agua previamente calentada mientras removemos y dejamos que absorban prácticamente todo el agua. Por último, los  pasamos por agua fría dentro de un colador para enfriarlos y evitar que se peguen.

Ahora ya sólo queda calentar la carbonara y mezclarla con los ñoquis. Un plato extraordinario pero eso si:  ¡acordaros que es para comer el día del entreno!, sino es así yo como entrenador personal lo consideraré una cheat meal. Un saludo y espero que os guste

Quinta semana: Se puede copiar

Mi entrenador personal permite copiar

Nunca fui demasiado buen estudiante. Era uno de esos que deambulaba, sin pena ni gloria, entre el 4 y el 6 sin que muchos profesores fueran capaces de recordar mi nombre. Sin embargo, a veces, veía las orejas al lobo, me “ponía en serio”, estudiaba y, de vez en cuando, a lo mejor sacaba una buena nota. Ah! Esos momentos eran inolvidables!. Me gustaba dejar el examen bien visible encima de la mesa y lo torcía un poco, por si mi compañero de pupitre quería mirar mi nota así de reojo. Y es que creía que, por una vez, podía presumir de nota… pero en realidad no era eso. No presumía de nota, sino de mi capacidad de obtener resultados. Que igual parece lo mismo, pero no lo es.

Esta semana cumplo mi quinta semana con mi entrenador personal, es decir, la mitad de los tres meses que tengo concertados con Venancio. Y la verdad, es que no me ha costado demasiado llegar hasta aquí, ya que estas semanas han pasado muy rápido. Los cambios en mi día a día, como he ido contando, no han sido tan traumáticos: planificación de los entrenamientos y descanso, cambios en la alimentación y aumento de la intensidad y espíritu de esfuerzo. Los resultados, en esta vez, no van del 1 al 10, sino que se miden con la cinta métrica y se puntúan en centímetros. En 6 semanas he ganado 1,5 cm de biceps y he perdido 4 centímetros de perímetro de cintura. ¿Si eso es mucho? Pues no lo sé, pero ahora soy plenamente consciente de que no es lo más importante.

Y es que, bajo mi punto de vista, presumir de mi entrenador personalVenancio, no es pasear por la playa, arriba y abajo mirando con media sonrisa a todo el mundo. Ni siquiera inundar las redes sociales de selfies sin camiseta. Para mí, el mejor resultado es precisamente haber consolidado la rotura de una dinámica y que el mejor resultado de ir a entrenar sea, precisamente, ir a entrenar. De ser consciente de que no tenemos que conformarnos siempre con el 4 y el 6, con lo suficiente, sino que tenemos la capacidad de poder cambiar eso.

Cuarta semana: Con 8 no basta

La exigencia de un entrenador personal

No sé cocinar, pero me encantan los programas de cocina. Para mi tienen algo realmente hipnótico, y no los puedo dejar de mirar pensando lo de “pues parece fácil. El día que cocine, haré esta receta”. E intento memorizarlo todo, fijarme en los detalles, para el día que me anime a cocinar, tener una base que lo haga todo mucho más fácil. Y me pasa exactamente lo mismo con los entrenamientos de Venancio. Intento acordarme de los ejercicios que me enseña, aprender la técnica, memorizar sus consejos por si algún día tengo que empezar a hacerlo yo solo. Pero intuyo que, igual que el mejor chiste de Arguiñano, no funcionará igual de bien cuando yo lo intente en solitario.

Y es que, una de las mayores diferencias entre entrenar solo o entrenar con un entrenador personal es el grado de exigencia. Me explico. Sé que yo nunca me pediría a mí mismo tanto como me exige él. Cuando yo entrenaba solo, el número de repeticiones o el peso con el que trabajaba siempre era el justo y necesario. Es decir, que pudiera hacer el ejercicio cómodamente, sin llegar a pensar nunca en el “no puedo hacerlo”. Y eso cambia con Venancio. Él sabe lo que te puede pedir y lo que no… incluso mejor que tu mismo. Te pedirá, te exigirá, cosas que tú crees que no puedes hacer. Y entonces te darás cuenta de que el concepto de “autosuperación” no es una de esas palabras que se ha inventado para los manuales de autoayuda, sino que es una palabra real, que puedes tocar, medir, pesar en kilos o contar en repeticiones.

A menudo, cuando entrenamos y vamos contando las repeticiones, siempre me imagino cuantas me quedan para terminar. “Si son 8 si que puedo” pienso, esperando que Venancio se apiade y piense igual que yo. Y no, realmente nunca coincidimos. Si él sabe que puedo llegar bien a 8, me va a pedir 12. Y si “llego bien” a 12, me va a pedir 16. Y su mayor trabajo va a ser mantener o despertar mi espíritu de esfuerzo. Y, a lo mejor, más que estudiar ejercicios secretos, o técnicas o nombres de músculos, de Venancio aprenderé que mi limite esta siempre un poco más lejos de lo que esperaba. Aunque yo siga pensando que solo puedo hasta 8.